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Buenos Aires, 22 de abril de 2002
Sr. Rector de la Universidad Nacional de Quilmes
Ing. Julio Villar
Presente
SEÑOR RECTOR:
Me dirijo a Ud. con el objeto de presentar mi renuncia al cargo de Profesor Ordinario de la Universidad, que ganara por concurso en 1992. Tomo esta decisión, que lamento profundamente, después de haberlo meditado y dejado pasar el tiempo que creí necesario para evaluar la posibilidad de mantener mi condición de docente investigador de la Universidad, a la que durante estos años he dedicado el mejor de mis esfuerzos.
Motiva esta decisión la indignación y el cansancio moral que experimento frente a los sucesos acontecidos en los últimos días, luego de un proceso de deterioro iniciado a finales del año pasado, cuando las autoridades decidieron separar de su cargo injustificadamente a un número de docentes y no docentes. Posteriormente he sido objeto de acusaciones sin fundamento formuladas en forma verbal y pública por parte de Ud. y sus colaboradores para, finalmente, ser removido de la Dirección del Instituto de Estudios Sociales de la Ciencia y la Tecnología mediante una resolución adoptada por el Consejo Superior a instancia suya, utilizando argumentos tan falaces como que el Instituto se encontraba acéfalo. Todo esto no fue suficiente, ya que ello fue seguido de presiones ejercidas contra la mayoría de los miembros del Instituto mediante el envío de cartas documento y la rescisión de contratos como represalia por su vinculación con mi persona o por criticar los procedimientos del Rectorado.
En forma paralela se ha manipulado desde el principio el contexto de una auditoría ordenada por Ud. mediante una resolución en cuyos considerandos se afirma una falsedad tal como que no presenté informes a los que habría estado obligado desde el inicio de las actividades del Instituto. Lea las Memorias de la Universidad presentadas por Ud. a las Asambleas anuales para conocer el contenido de dichos informes que, por lo demás, no fueron preceptivos hasta finales del año 2000, año en el que las cuentas del Instituto fueron auditadas satisfactoriamente, mereciendo únicamente observaciones de procedimiento. El proceso de auditoría actual se ha prolongado por un período excesivo, matizado por manifestaciones públicas acerca de presuntas irregularidades que habrían sido descubiertas. Finalmente, con fecha 11 de abril el auditor Juan Verrina me envió por correo electrónico un informe en cuya conclusión se afirma que "de los hallazgos planteados no surge irregularidad de fondo alguna". Pese a mi solicitud, no he logrado obtener una copia firmada de dicho dictamen, lo que deja la puerta abierta a alteraciones posteriores.
La campaña de injurias que se desató contra mí y otros investigadores del Instituto recrudeció en las últimas semanas. Recientemente ha circulado un anónimo agraviante para mí y otros investigadores en el que se repiten, sugestivamente, afirmaciones hechas en público en más de una oportunidad por el Director del Departamento de Ciencias Sociales, Carlos Greco, según ha llegado a mi conocimiento a través de los testigos del caso, acusándome de malversación de fondos.
No estoy dispuesto a tolerar este conjunto de procedimientos innobles, razón por la cual tomo la decisión de alejarme de la Universidad. Un proceso de desgaste y acoso culmina así, luego del acto de autoritarismo que implicó mi separación de la Dirección, cuyas consecuencias van mucho más allá del lógico y necesario recambio en la conducción de las instituciones y que sólo encuentra su explicación en una represalia por mi oposición a la remoción de personal docente y no docente, y por mi descargo público acerca de las versiones instaladas en la Universidad por el Rectorado sobre mi supuesta participación en el caso particular de un investigador del Instituto.
Si bien tal decisión pretendió ser revestida de la apariencia de un suceso normal, la normalidad, Señor Rector, a lo largo de la vida del Instituto ha sido la permanente sospecha, así como las amenazas, represalias y mal trato a las que nos hemos visto sometidos quienes nos desempeñamos en él desde sus comienzos, por parte de las autoridades de la Universidad.
A lo largo de estos años hemos conocido episodios como la rescisión del contrato de profesores que desempeñaban su tarea de investigación en el Instituto, en algún caso graduados de la propia Universidad, sin que mediaran razones académicas para ello, el incumplimiento del pago del alquiler de las oficinas y las cuentas de servicios durante varios meses, lo que hizo necesario que los miembros del Instituto aportaran recursos propios para hacer frente a ellos, las presiones para que dejáramos de dictar la Maestría en Ciencia, Tecnología y Sociedad, pese a haber recibido la máxima categoría por parte de la CONEAU y la interrupción de la edición de la revista REDES, que durante varios números siguió siendo editada exclusivamente con recursos obtenidos por los miembros del Instituto. La supervivencia del Instituto se convirtió en objeto de una negociación permanente e irracional con el Rectorado.
Pese a ello, he cumplido la tarea a la que me había comprometido. El Instituto era hasta su desmantelamiento actual una realidad que prestigiaba a la Universidad y su reconocimiento público trascendió las fronteras del país, tal como dan cuenta de ello las adhesiones que he recibido en este último período. Los logros alcanzados fueron muy grandes y Ud. los conoce.
Ha sido en el Instituto donde se constituyó la Red Iberoamericana de Indicadores en Ciencia y Tecnología, uno de los emprendimientos más exitosos de la región en los últimos años, en la que participa la totalidad de los países Iberoamericanos, cuya credibilidad como centro de referencia es reconocida por la propia National Science Foundation, la Unión Europea y la OCDE. Los investigadores del Instituto hemos obtenido las calificaciones más altas en las evaluaciones realizadas por la propia Universidad, tanto del desempeño individual, como del Programa de Investigación que llevamos a cabo. Todos hemos cumplido puntualmente con la obligación de docencia en la Universidad y, lo que es más importante, hemos hecho posible que un grupo de alumnos y graduados de la Universidad se formaran como investigadores en los proyectos que desarrollamos. Nada de eso ha parecido importarle al señor Rector de la Universidad Nacional de Quilmes, a partir del momento en que para las autoridades el Instituto pasó a convertirse en una suerte de territorio enemigo.
No es posible construir una sociedad, una institución y mucho menos una comunidad universitaria sobre la base de amenazas, lealtades interesadas y sanciones. Este tipo de política estimula el envilecimiento de muchos de sus miembros que optan por abstenerse, someterse al temor, aprovechar las ventajas de la cooptación o formular denuncias desde el anonimato. Los logros que la Universidad alcance en otros planos quedan desmerecidos por tales procedimientos.
Tampoco es posible construir un liderazgo por decreto, conceder méritos académicos suficientes por orden del Rectorado ni forzar el reconocimiento nacional e internacional como resultado de un ejercicio de poder que no requiere estar fundamentado en argumentos.
Dejo la Universidad Nacional de Quilmes con el ánimo y la conciencia muy tranquilos. La solidaridad y emoción manifestadas por mis compañeros de estos años frente a mi destitución, así como la adhesión de más de doscientos investigadores del país y del exterior es suficiente premio para mí. Cada uno sabe en el lugar en el que queda, los motivos por los que actuó y los valores éticos puestos en juego. Tenga presente que también la gestión del Rector será evaluada en todos los planos, particularmente en aquellos que se refieren a la transparencia de las decisiones.
Sin otro particular, lo saludo.
Mario Albornoz
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