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Fundamentos | Proyecto de Resolución
Señor Rector:
En el año 1995 el Consejo Superior de nuestra Universidad aprobó la norma tristemente titulada "Reglamento de Disciplina para Alumnos" y en los diez años que siguieron no se sancionó norma parecida para ningún otro sector de la Comunidad Universitaria.
Desde entonces ha sido una herramienta para limitar el accionar político de los alumnos más que una norma regulatoria de las buenas costumbres y la convivencia necesaria dentro de la comunidad universitaria. Y Posiblemente esto haya sido así porque no fue éste último el objetivo de la norma, sino más bien el que se plasmó en la práctica, una manera de "disciplinar" a los alumnos, objetivo que por cierto -y afortunadamente- no se concretó en todos los casos.
Fue aplicado muy pocas veces, y -no casualmente- a representantes estudiantiles. En el año 1997 fue aplicado al que había sido presidente del Centro de Estudiantes de Ciencia y Tecnología y con el que habría una evidente animosidad por parte del rectorado.
Luego, en 2001, varios secretarios del Centro de Estudiantes de Ciencia y Tecnología, y otros alumnos miembros de la agrupación CRISIS, junto a quien suscribe la presente -por entonces también presidente de dicho Centro- fuimos sumariados bajo la norma que nos ocupa por el "gravísimo" hecho de publicar una revista y opinar libremente sobre el accionar de las autoridades. Esta vez -dudo de la casualidad- también existía una evidente animosidad por parte del rectorado y -en este caso- puedo dar fé de ello.
Todos en esta Universidad conocimos los métodos utilizados por el Rector Villar y sus colaboradores con aquellos que lo contradecían. En el caso del personal No Docente tal vez no hacía falta norma alguna cuando se podía "controlar" su comportamiento a través de su continuidad laboral y en el caso de los Docentes también se obraba de manera similar; sino basta con hacer una lista de docentes que fueron separados de nuestra Universidad a los largo de los años, y no siempre mediante los métodos más adecuados o transparentes, ni los motivos más justos o valederos.
Pero en el caso de los alumnos, es evidente que no siempre funcionaba este control mediante la relación laboral, y fue necesario imponer otro tipo de control. Si uno tan solo temiera ser sancionado -por opinar por ejemplo- el objetivo estaría cumplido y no me caben dudas que debe haber funcionado muy bien, ya que durante años las agrupaciones estudiantiles fueron serviles a las disposiciones del Rector. Cuando un grupo no lo hizo, se volcó el aparato represivo reinante sobre él, cuya última instancia era el "Reglamento de Disciplina para Alumnos". "...Para Alumnos no alineanos" le agregaría yo, ya que los obsecuentes podían cometer todo tipo de actos violentos sin temor a ser sancionados. Estamos frente a una norma de esas que se sancionan para ser "utitlizadas" de vez en cuando para "ejemplificar". La injusticia era la que regía y este reglamento era una de las herramientas para administrarla.
Estoy convencido que no es intención de las autoridades utilizar los métodos mencionados anteriormente y es por esto que no es necesario contar con reglamentaciones semejantes.
Claro que en su conjunto el Reglamento contiene algunas disposiciones que pueden ser válidas y aplicables y, si las sacáramos del contexto en -y para- el que fue sancionado, no deberían ser sinónimo de represivas. Pero creemos que el contexto debe ser tenido en cuenta. Tal vez aquellas disposiciones respetuosas de las libertades y los derechos puedan ser incorporadas a una norma más general y beneficiosa para todos.
Nuestro Estatuto habla del "Régimen de Convivencia", algo mucho más civilizado y coherente con una institición donde rige la democracia y se tiene la madurez suficiente para aceptar las diferencias. Sería muy importante que el Consejo Superior dicte ese Régimen con pautas más democráticas y respetuosas de los derechos individuales que las que fueron utilizadas en la época de este reglamento. Estoy seguro, por la experiencia de estos últimos meses, que el Consejo Superior tiene la madurez y la libertad suficientes para encarar una discusión como esta.
Por otra parte, el Estututo también le encomienda al Consejo Superior reglamentar la sustanciación de los sumarios administrativos y tal vez, cuando llegue el momento de hacerlo, puedan rescatarse algunas disposiciones, en cuanto a los procedimientos, que se detallan en el Reglamento de marras. Claro que será algo general y no solo dirigido discriminatoriamente a los alumnos como el caso que nos ocupa.
De todos modos, es posible que algún alumno produzca hechos sancionables en el futuro, pero también es posible que lo produzca un graduado, un docente, un no docente o una autoridad, que si bien existe legislación nacional que los rige, no tienen necesariamente una norma interna similar a un Código Penal o de Faltas para juzgar sus actos dentro de la Institución. Sin embargo, de producirse estos hechos, la falta de un reglamento interno especial, no implica dejarlos sin sanción. Estoy seguro de eso. El funcionamiento de los cuerpos colegiados y la responsabilidad ciudadana que han asumido sus miembros, es garantía de ello.
Las faltas que se pretendían sancionar con este reglamento devenían de una falta total de diálogo político -y de cualquier otro tipo- dentro de la comunidad universitaria. Fue producto de un sistema represivo que tanto usted como nosotros conocimos muy bien. Es inaceptable que una Universidad que se tenga por democrática y defensora de las libertades individuales -como el derecho a opinar por ejemplo- tenga guardado en algún resquicio de su legislación, un reglamento para reprimir a sus alumnos por razones de dudosa validez y dependientes del momento político vigente.
La propuesta no implica que a partir de la derogación del Reglamento en cuestión, los alumnos comencemos a cometer todo tipo de tropelías y a faltarle el respeto a docentes y autoridades. Sabe usted muy bien que hoy en día la mayoría de los estudiantes de esta Universidad desconoce la existencia de este reglamento y, sin embargo, no suceden estas cosas. Una de las características que destacan a nuestra Universidad es la manera en que todos -docentes, no docentes y alumnos- la cuidamos. La existencia o no de este reglamento no cambia en nada ese comportamiento, ya que no es por miedo que lo hacemos, sino porque tenemos un compromiso con ella, la respetamos y estamos dispuestos a cuidarla.
Respecto al trato entre pares y con docentes, autoridades y otros miembros de la comunidad, éste es excelente a mi modo de ver y los conflictos, de suscitarse, deben dirimirse de manera adulta y civilizada. En ultima instancia existe otra legislación aplicable y son los cuerpos colegiados los que toman las desiciones definitivas.
Esperamos la aprobación de este proyecto, no como una reivindicación sectorial, sino como una muestra de madurez por parte de nuestra Universidad. Creemos que los alumnos hemos demostrado estar a la altura de las circunstancias y de haber respetado tanto o más que otros sectores las reglamentaciones, a otros miembros de la comunidad y a la Universidad misma. Derogar este reglamento no significa crear vacíos legales sino aportar hacia una convivencia más sana y adulta entre los sectores de la Comunidad Universitaria.
Por los motivos expuestos, porque creemos que se trata de una norma represiva y discriminatoria, creemos plenamente justificada la aprobación de este proyecto.
Roberto Pucheta
Consejero Superior
(CRISIS)
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